6 mar. 2009

Comprar un animal es matar a otro

Comprar un animal es matar a otro

Hoy en día, comprar un animal para destinarlo a compañía de humanos, es un acto casi perverso. De hecho la compra o el uso de cualquier animal lo es, aún en el caso de que quien adquiera un animal, ignore la existencia de centros donde pueden acudir y dar una segunda oportunidad a los que un día fueron adquiridos y, posteriormente abandonados.

Estos centros son las perreras de las distintas administraciones, que capturan a los animales abandonados para deshacerse del “problema”. Por otro lado protectoras o particulares rescatan a estos animales e intentan compasivamente y sin casi recursos salvar sus agónicas vidas encauzándola oportunamente a través de una adopción responsable. Hablamos de perros y gatos, pero ahora añadimos al 'animal de compañía' la globalización devastadora que incluye la nefasta afición por las mal llamadas 'mascotas exóticas'. Así, se están detectando abandonos en bosques y estanques de mapaches, hurones, serpientes, tortugas, peces e incluso, chimpancés y coatíes. Por lo que en los 'centros de recogida' ya se pueden encontrar los citados junto a iguanas, avestruces, ardillas, etc.

Afortunadamente, la información que nos llega a través de los medios de comunicación sobre la existencia de los citados centros, es cada vez mayor, donde aprovechando la denuncia de los incontables casos de maltrato que padecen estos seres cuya vida es tan importante para ellos como para nosotros la nuestra, suelen también denunciar la situación de hacinamiento y desinterés por los mismos. Por lo tanto, ya no se puede alegar ignorancia para no acudir a adoptar un animal abandonado.
No hay argumento para el que compra, más que el de puro capricho de poseer algo que se valora por precio, belleza o exotismo lejos del acto compasivo del humano que se acerca con el corazón y la razón, a rescatar otro ser.

Si vas a hacerte cargo de un animal...
Comprende, ante todo, que un animal no es un juguete: es una vida. No se regala ni se compra. Implica la suficiente responsabilidad como para que, tanto la decisión de tenerlo como la tarea de velar por él, sea una cuestión de adultos, no de niños.
Plantéate primero el bienestar de ese nuevo compañero. ¿Dispones de tiempo para él? ¿De un espacio adecuado a sus necesidades? ¿Puedes afrontar sus gastos?
No compres nunca un animal. Evitando la compra contribuyes a parar el ciclo que genera la cría y posterior abandono de animales. Mucho menos si se trata de un animal exótico cuyo hábitat, por mucho empeño que pongas, no vas a conseguir reproducir y no tendrás un compañero, sino un animal enjaulado.

Esterilízalo para evitar nuevas camadas. Nunca sabes dónde pueden acabar los descendientes. Además muchos animales sin hogar necesitan una oportunidad.

Adoptar siempre.

Adoptando un animal, realmente salvas dos: el que compartirá tu vida y el que ocupará su lugar en el albergue del que lo sacaste.
Si no puedes hacerte cargo de él
Jamás lo abandones ni lo lleves a una perrera. Tendrá la menor oportunidad de vivir.
Es tu responsabilidad, y de nadie más. Busca a alguien que se ocupe de él por ti. Puedes hacer mil cosas: desde indagar entre familiares y amigos hasta solicitar la ayuda de una protectora de animales que te ayude a seleccionar a alguien que pueda responsabilizarse de su cuidado.

Si encuentras un animal abandondo…
No mires hacia otro lado, ayúdale.

Si consigues cogerlo, llévalo al centro veterinario más cercano, donde procederán a leerle el microchip y localizar a sus dueños en caso de que se haya escapado o perdido.
Si no tiene chip, de nuevo recurre a tus contactos y a protectoras de animales para que te ayuden, si tú no sabes, a seleccionar a un buen dueño. También puedes intentar ponerlo en lista de espera de algún albergue o casa de acogida, pero lo más importante es que entiendas que ese animal encontrado por ti, es tu responsabilidad, y de nadie más: hay mucha gente dispuesta a ayudar, pero debes comenzar poniendo de tu parte.

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